Entre los escritos del Nuevo Testamento, pocas obras exigen del intérprete tanta atención a la continuidad del argumento como la carta de Pablo a los Romanos. Su profundidad no procede de una oscuridad deliberada ni de una acumulación desordenada de conceptos teológicos, sino de la manera rigurosa en que el apóstol construye una extensa demostración acerca del evangelio de Jesucristo, la condición pecaminosa del hombre, la justicia que Dios ofrece, la función de la ley, la naturaleza de la fe, la gracia divina, la incorporación de judíos y gentiles al mismo pueblo redimido y las consecuencias prácticas que se desprenden de esa salvación.
Por esta razón, Romanos debe ser leído como una carta completa. Muchos errores doctrinales surgen cuando una frase es separada de la argumentación que la produjo. Expresiones como “el justo por la fe vivirá” en Romanos 1:17, “concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe” en Romanos 3:28, “al que no obra, sino cree” en Romanos 4:5, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” en Romanos 5:20, “no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” en Romanos 6:14, “yo soy carnal, vendido al pecado” en Romanos 7:14 o “a los que antes conoció, también los predestinó” en Romanos 8:29 han sido convertidas con frecuencia en fórmulas doctrinales independientes. Sin embargo, ninguna de esas declaraciones nació en aislamiento. Cada una pertenece a un razonamiento que comenzó antes y continúa después.
El propósito de este comentario será seguir el pensamiento de Pablo dentro de sus propios cauces, permitiendo que las palabras sean gobernadas por las oraciones, las oraciones por los párrafos, los párrafos por las secciones argumentativas y estas, finalmente, por el propósito general de la epístola.
La carta se identifica desde sus primeras palabras con absoluta claridad.
Romanos 1:1“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios”.
La autoría paulina constituye, pues, un dato explícito del documento. Pablo comienza identificándose mediante tres expresiones que anticipan asuntos esenciales de la carta. Es siervo de Jesucristo, es apóstol por llamamiento y ha sido apartado para el evangelio de Dios.
La expresión “llamado a ser apóstol” debe entenderse a la luz del carácter divino de su comisión. El apostolado de Pablo no procedía de iniciativa personal ni de reconocimiento puramente humano. Dios lo había llamado para esa obra, de manera que desde la primera oración Pablo habla con autoridad delegada. Romanos no constituye la reflexión privada de un pensador religioso acerca de la salvación, sino enseñanza apostólica acerca del evangelio que Dios había prometido anteriormente por medio de sus profetas y que ahora había llegado a su cumplimiento en Jesucristo.
Romanos 1:7“a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos”.
La carta fue dirigida a cristianos que vivían en Roma. Romanos 16:5, 14 y 15 permite apreciar, además, la existencia de diversos grupos de creyentes que se reunían en aquella ciudad. Resulta, por ello, razonable imaginar una pluralidad de comunidades cristianas relacionadas entre sí antes que una sola congregación numerosa reunida permanentemente en un único lugar.
La composición de estas iglesias tiene considerable importancia para interpretar la carta. Romanos revela continuamente la presencia de cuestiones relacionadas con judíos y gentiles. Pablo se dirige unas veces explícitamente al judío, como ocurre en Romanos 2:17, mientras que en otros lugares habla directamente a creyentes gentiles, como en Romanos 11:13. Además, asuntos como la circuncisión, Abraham, la ley de Moisés, las promesas hechas a Israel, los alimentos, los días y las relaciones entre débiles y fuertes muestran que la convivencia entre cristianos procedentes del judaísmo y cristianos procedentes del paganismo constituye una parte importante del trasfondo de la epístola.
Esta circunstancia debe acompañarnos durante toda la interpretación. Cuando Pablo habla de ley, obras, circuncisión, Abraham, Israel, elección, promesa o justicia, sus palabras forman parte de una controversia histórica concreta y no deben ser transportadas inmediatamente a debates teológicos posteriores sin determinar primero qué problema estaba tratando él.
El Nuevo Testamento no relata directamente el establecimiento de las iglesias de Roma. Pablo mismo deja claro que él no había sido su fundador, pues cuando escribió la carta todavía no había visitado aquella ciudad.
Romanos 1:13“Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros, pero hasta ahora he sido estorbado”.
Entre las posibilidades históricas debe considerarse la presencia en Jerusalén, el día de Pentecostés, de personas procedentes de Roma. Hechos 2:10 menciona expresamente a “romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos”. También es posible que el evangelio llegara mediante cristianos que viajaban por motivos familiares, comerciales o laborales. El texto inspirado, sin embargo, no identifica el medio exacto por el cual surgieron las primeras congregaciones romanas, por lo que conviene conservar prudencia y no elevar una reconstrucción histórica posible al rango de hecho revelado.
Los indicios internos de la carta permiten situar razonablemente su composición en Corinto o en su entorno, aproximadamente a mediados de la década de los cincuenta del primer siglo. Pablo estaba por viajar a Jerusalén llevando ayuda para los santos necesitados.
Romanos 15:25-26“Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén”.
Esta información armoniza con el relato de los viajes de Pablo conservado en Hechos. Además, Romanos 16:1 recomienda a Febe, procedente de Cencrea, puerto asociado con Corinto. La fecha exacta no es declarada en Romanos y, por ello, debe considerarse aproximada. Para la exégesis importa principalmente reconocer que la carta pertenece a un período avanzado del ministerio apostólico de Pablo, cuando ya existía una amplia experiencia de controversias relacionadas con la incorporación de gentiles al pueblo de Dios y con los intentos de imponer elementos de la ley mosaica sobre los cristianos.
Romanos presenta el diseño y la naturaleza del evangelio dentro de un escenario en el que la relación entre judíos y gentiles, la ley, la circuncisión, Abraham, la promesa y la justicia de Dios ocupan un lugar decisivo. El evangelio constituye el corazón de la epístola.
Pablo lo menciona inmediatamente en Romanos 1:1 como “el evangelio de Dios”. En Romanos 1:9 habla del “evangelio de su Hijo”. En Romanos 1:15 expresa su disposición para anunciar el evangelio también en Roma. Finalmente, Romanos 1:16-17 formula la gran tesis doctrinal que gobernará el desarrollo posterior.
Romanos 1:16-17“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito. Mas el justo por la fe vivirá”.
Estas palabras funcionan como puerta de entrada al argumento entero. La gran cuestión que recorrerá la carta puede formularse de esta manera. Si tanto judíos como gentiles son pecadores, ¿cómo puede el Dios justo justificar al hombre pecador?
El gentil necesita el evangelio porque ha pecado. El judío necesita el evangelio porque también ha pecado. La posesión de la ley no elimina la culpa de quien la transgrede. La circuncisión tampoco convierte automáticamente al desobediente en justo. Abraham mismo no constituye un ejemplo de justificación mediante perfección legal. La justicia que el hombre necesita procede de Dios y se recibe mediante la fe. Esa fe, dentro de Romanos, posee carácter obediente y encuentra una expresión programática tanto al comienzo como al final de la epístola.
Romanos 1:5“para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre”.
Romanos 16:26“se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe”.
Este marco literario posee enorme importancia. La carta comienza y termina relacionando fe y obediencia. Por ello, la oposición paulina entre fe y obras no debe transformarse automáticamente en una oposición entre fe y obediencia. Será necesario estudiar cada contexto para determinar qué entiende Pablo por “obras”, qué función atribuye a la ley y cómo describe la respuesta del hombre al evangelio.
Uno de los campos semánticos fundamentales de Romanos pertenece a la familia griega δικαιοσύνη, δικαιόω y δίκαιος, traducidos habitualmente mediante términos como “justicia”, “justificar” y “justo”.
Romanos presenta la justicia de Dios como una realidad inseparable de su obra salvadora. El problema no consiste simplemente en definir una palabra teológica, sino en responder cómo puede Dios perdonar al pecador sin negar su propia justicia. Romanos 3:21-26 será decisivo, pues allí Pablo explicará cómo Dios puede ser simultáneamente “el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.
La doctrina de la justificación, por tanto, no puede reducirse a una disputa abstracta acerca de fe y obras. Dios es justo, el hombre ha pecado y el pecado merece condenación. La respuesta de Romanos se encuentra en Jesucristo. Su muerte, su sangre, su resurrección, la gracia de Dios y la respuesta creyente del hombre convergen en el argumento apostólico.
Uno de los objetivos permanentes de este comentario será distinguir categorías que con frecuencia han sido confundidas. Cuando Pablo excluye las “obras” como fundamento de justificación, será necesario preguntar qué clase de obras están presentes en el contexto. No puede suponerse automáticamente que toda acción humana quede incluida en la categoría paulina de “obras” de la misma manera.
En Romanos 3 y 4, la discusión gira en torno a una forma de justificación que permitiría al hombre gloriarse y convertir la recompensa en deuda. En cambio, la obediencia que procede de la fe no compra la gracia ni coloca a Dios bajo obligación. Esta distinción será crucial cuando lleguemos al bautismo de Romanos 6. Si toda respuesta humana fuese automáticamente una obra incompatible con la gracia, incluso creer debería afrontar la misma objeción, pues creer también constituye una respuesta del hombre. La cuestión correcta será determinar qué función asigna Pablo a cada respuesta dentro del evangelio.
La palabra griega νόμος ocupa un lugar fundamental en Romanos y exigirá especial cuidado. No siempre posee exactamente el mismo referente. Dependiendo del contexto puede señalar la ley de Moisés, un principio rector, una norma o una manera de describir determinado régimen. Además, la presencia o ausencia del artículo griego puede resultar relevante en algunas construcciones, aunque nunca debe convertirse mecánicamente en una regla absoluta de interpretación.
Será necesario resolver el sentido de νόμος pasaje por pasaje mediante sintaxis, contexto y desarrollo argumentativo. Particularmente importantes serán Romanos 3:19-31, 4:13-16, 5:13-20, 6:14, 7:1-14 y 8:1-4.
Romanos 3:9“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado”.
Romanos 3:22-23“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.
La universalidad del pecado prepara la universalidad del evangelio. La unidad de judíos y gentiles en Cristo resulta, por consiguiente, inseparable de la doctrina de la justificación.
Romanos 4 desempeña una función crucial porque Pablo lleva la discusión hasta Abraham, figura fundamental para cualquier interlocutor judío. La cuestión consiste en determinar si Abraham fue considerado justo sobre la base de obras que podían convertir la recompensa en deuda o mediante una fe que dependía de la promesa y de la gracia de Dios.
La importancia de Abraham no termina en la justificación individual. Mediante él Pablo también demuestra que el propósito salvador de Dios alcanza a judíos y gentiles. Abraham llega a ser padre de todos los creyentes, incluidos los incircuncisos, y las promesas encuentran su realización dentro del proyecto universal de Dios.
Romanos no trata el pecado simplemente como una abstracción jurídica. Pablo lo personifica como un poder que reina, esclaviza, engaña y paga salario.
Romanos 6:12“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal”.
Romanos 6:23“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Estas imágenes ayudan a comprender el drama antropológico de Romanos. El hombre pecador necesita más que información moral. La ley puede identificar el pecado y condenarlo, pero no puede proporcionar al transgresor el perdón que necesita. De allí que el evangelio aparezca desde Romanos 1:16 como “poder de Dios para salvación”.
Romanos 5:12-21 introduce uno de los contrastes teológicos más importantes de la epístola. Adán y Cristo aparecen como figuras mediante las cuales Pablo explica dos grandes realidades que han penetrado en la historia humana. Mediante Adán entraron el pecado y la muerte. Mediante Cristo vienen gracia, justificación y vida.
Este pasaje deberá examinarse cuidadosamente antes de atribuirle doctrinas que el texto mismo no establezca. Será particularmente importante estudiar la expresión griega ἐφ᾽ ᾧ πάντες ἥμαρτον de Romanos 5:12 y determinar cómo funciona dentro de la comparación entre Adán y Cristo.
Romanos 6:4“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.
En el comentario prestaremos especial atención a las relaciones sintácticas entre βαπτίζω, θάνατος, συνθάπτω y καινότης ζωῆς. El pasaje deberá interpretarse dentro del argumento de Romanos 5:20–6:23 acerca de la gracia, el pecado y el cambio de señorío.
Romanos 7:14-25 exigirá especial precisión. Será necesario determinar si el “yo” describe la condición habitual de Pablo como cristiano, una experiencia autobiográfica anterior o una representación retórica del hombre enfrentado a la ley y al pecado.
Romanos 7:14“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”.
La interpretación deberá surgir del movimiento completo de Romanos 6–8, tomando en cuenta expresiones como “vendido al pecado”, “cautivo a la ley del pecado”, “¿quién me librará?” y la transición hacia “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. También será necesario estudiar cuidadosamente el término σάρκινος traducido “carnal”, evitando identificar automáticamente σάρξ con el cuerpo físico.
Romanos 8:1“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.
El capítulo desarrollará la vida conforme al espíritu, la dirección del Espíritu Santo, la filiación, la esperanza, la intercesión, el propósito de Dios y la seguridad que el cristiano encuentra en el amor divino. Será necesario distinguir cuidadosamente los usos de πνεῦμα, pues la palabra puede referirse al Espíritu Santo o al espíritu humano según la construcción y el contexto. Las mayúsculas de nuestras traducciones representan decisiones interpretativas y no pertenecen al texto griego antiguo.
Después de afirmar que nada puede separar a los redimidos del amor de Dios, Pablo enfrenta una cuestión inevitable. Si Dios había hecho promesas a Israel, ¿qué debe pensarse de la incredulidad de una parte considerable de Israel?
Romanos 9–11 responde a este problema. Estos capítulos deberán interpretarse dentro del argumento precedente de la carta y no como un tratado autónomo acerca de la predestinación. Conceptos como elección, promesa, endurecimiento, misericordia, remanente e Israel deberán estudiarse en relación con la cuestión histórica y redentora que Pablo está tratando.
Romanos 9:6“No que la palabra de Dios haya fallado”.
Romanos 12 marca una transición importante mediante la expresión griega παρακαλῶ οὖν, “así que, hermanos, os ruego”. El οὖν conecta la exhortación con todo lo expuesto anteriormente.
La ética cristiana de Romanos 12–15 surge del evangelio desarrollado en Romanos 1–11. El creyente que ha recibido las misericordias de Dios debe presentar su cuerpo en sacrificio vivo, renovar su entendimiento, emplear correctamente sus dones, amar sin fingimiento, someterse legítimamente a las autoridades, amar al prójimo y buscar la paz dentro de la congregación.
La doctrina de Romanos desemboca, por tanto, en conducta. La justificación por la fe jamás es presentada por Pablo como una experiencia intelectual desprovista de obediencia práctica.
Este comentario seguirá deliberadamente un método contextual. Cada versículo será estudiado atendiendo al contexto inmediato, al contexto de la sección, al argumento general de Romanos, al trasfondo histórico cuando pueda establecerse razonablemente, al uso paulino de las palabras, a la gramática española de la Reina-Valera 1960 y, cuando sea necesario, a la sintaxis y semántica del texto griego.
No convertiremos el léxico griego en una colección de etimologías. Una palabra adquiere su valor concreto dentro de una oración y una oración dentro de un discurso. Por ello será tan importante estudiar partículas, preposiciones, artículos, tiempos verbales y estructuras sintácticas como consultar el significado general de un sustantivo o verbo.
También distinguiremos cuidadosamente entre aquello que el texto afirma, aquello que permite inferir razonablemente y aquello que pertenece a una construcción doctrinal posterior. La autoridad final del comentario descansará siempre en la pregunta que Pablo mismo formula.
Romanos 4:3“Porque ¿qué dice la Escritura?”
Romanos 1:1-17 presenta el evangelio y la tesis de la carta.
Romanos 1:18–3:20 demuestra la culpabilidad universal de gentiles y judíos.
Romanos 3:21–5:21 desarrolla la justicia de Dios, la justificación por la fe, Abraham, la gracia, la reconciliación y el contraste entre Adán y Cristo.
Romanos 6:1–8:39 desarrolla las consecuencias de esa nueva relación con Dios, la liberación del dominio del pecado, la relación con la ley, el conflicto del hombre bajo pecado y la vida en Cristo conforme al Espíritu.
Romanos 9:1–11:36 aborda la fidelidad de Dios frente al problema de Israel, la promesa, la elección, la incredulidad, el remanente y la incorporación de los gentiles.
Romanos 12:1–15:13 presenta las consecuencias éticas y congregacionales del evangelio.
Romanos 15:14–16:27 contiene los planes de Pablo, recomendaciones, saludos, advertencias y la doxología final.
La carta a los Romanos proclama que el hombre, sea judío o gentil, habiendo pecado, carece de justicia propia suficiente para presentarse inocente delante de Dios. Dios, en su gracia, ha provisto en Jesucristo el medio de justificación y reconciliación anunciado por el evangelio. Esa salvación no constituye salario merecido por perfección legal, sino don recibido mediante una fe que responde obedientemente al llamado de Dios. Quienes entran en Cristo son liberados del dominio del pecado para vivir en novedad de vida, integrándose en un solo pueblo en el cual las antiguas pretensiones de superioridad carnal quedan excluidas. Toda gloria corresponde finalmente a Dios, porque de él, por él y para él son todas las cosas.
Así comienza nuestro recorrido por Romanos, una carta en la que Pablo no ofrece al hombre un espejo para que admire su propia justicia, sino un evangelio mediante el cual el pecador puede contemplar la justicia, la misericordia y la fidelidad de Dios.